Las formas musicales o "palos"
El cante consta de un determinado número de formas músicales establecidas, transmitidas de generación en generación por tradición oral en la familia (entre los gitanos), de difÃcil ejecución, debido a imposiciones de interpretación muy estrictas y que tienden a una expresividad máxima con los medios mÃnimos. No existen academias para aprender el cante y se necesitan años para dominarlo. Una misma forma básica puede diferenciarse según la región (por ej. la soleá: la soleá de Alcalá es diferente de la de Triana), o la personalidad de un artista creador que ha marcado su evolución (por ej. la malagueña: malagueña de Chacón, malagueña del Mellizo). Todo esto combinado forma un abánico complejo que alimenta las inagotables discusiones entre musicólogos, pero que descansa sobre algunas formas básicas, de fácil identificación:
- Los cantes "a palo seco" (=sin acompañamiento). Cantes primitivos, tal vez los más difÃciles y que son la piedra de toque del flamenco: la toná, el martinete y la saeta.
- Los cantes con compás y acompañamiento (guitarra y/o palmas). Lentos como la seguiriya y la soleá. Más rápidos como el tiento, el tango, la alegrÃa (de la rama de las cantiñas). Rápidos como la bulerÃa.
- Los cantes libres (sin compás; la guitarra acompaña la melodÃa del cantaor entre los versos): el fandango, la malagueña, la granaÃna, los cantes de minas del oriente andaluz (taranta, cartagenera).
- Algunas formas menores como los cantes de ida y vuelta (guajira, colombiana), la petenera, la rumba flamenca. Dos ritmos pueden coexistir en un mismo cante (por ej. soleá y bulerÃa=soleá por bulerÃa, más rápida que la soleá normal; tango y rumba= tango rumbero), o sucederse (por ej. el tiento se remata con un tango, la malagueña con una rondeña, más rápidos). La división a priori entre cante jondo y cante más ligero carece de sentido: depende del arte del cantaor y de esa corriente mágica, misteriosa, improgramable que sabe -o no- comunicar a los presentes y que se llama "el duende"; más allá de las interacciones con el público que son parte integrante del cante, se nota de inmediato la presencia del duende, comunión total entre artista y presentes, emoción casi palpable o su ausencia. El tipo de voz (ronca, clara, fuerte, confidencial...) es secundario. La misma soleá por X o Y resultará corta; cantada por un José Mercé o un José Menese inspirados, resultará engrandecida, inolvidable. Que el artista sea gitano como José Mercé o payo como José Menese no tiene importancia, aunque los artistas gitanos actualmente dominan en los escenarios, en especial los de Jerez. Lo mejor es escuchar sin ideas preconcebidas, sin posición intelectual preestablecida.
El flamenco ha interesado a personalidades como Manuel de Falla, Federico GarcÃa Lorca entre otros, e influenciado formas como la sevillana que es la verdarera música popular andaluza y que no tiene nada que ver con el cante en realidad.
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